FORMACIÓN PROFESIONAL DE LOS
OPERADORES TÉCNICOS SUBMARINOS (O.T.S.)
Enseñar a inmergirse seguramente es una de las tareas más delicadas, difíciles y de mayor responsabilidad para una Escuela de formación profesional.

Hay que remover los obstáculos psicológicos que condicionan al ser humano a moverse en un ambiente normobárico desde el nacimiento y "recondicionarlo" a moverse en el elemento líquido con la misma racionalidad y controlada emotividad.

El ansia, las neurosis, la angustia y el instinto de conservación pueden crear dificultades insuperables a cualquiera que empiece a penetrar el ambiente líquido sin aquella indispensable profesionalidad, considerada como la primera, si no única, forma de prevención y de tutela de la incolumidad física en el desarrollo de la actividad submarina.

La selección de los alumnos de la Escuela inicia con un cuidadoso control médico al fin de una valoración psico-física y aptitudinal considerada indispensable por la Escuela para la admisión a la frecuencia de los Cursos. Este control se realiza en conformidad a cuanto dispuesto por la Ficha Sanitaria adjunta al Decreto Ministerial de la Marina Mercantil del 13.01.1979, Gaceta Oficial n.47 del 16.02.1979.

Actualmente, la participación al Curso para Operadores Técnicos Submarinos está limitada a un número máximo de 15/20 alumnos, respetando una equilibrada proporción de las ofertas y demandas existentes, a nivel nacional e internacional, constantemente actualizado por la Escuela.

En 2001 se llevó a cabo el 57° curso para los aspirantes Operadores Técnicos Submarinos procedentes, como en los pasados años, de todas las regiones italianas, al fin de conseguir los títulos profesionales previstos por la Ley-Cuadro n° 845 del 21.12.1978 en materia de formación profesional, los únicos dan derecho a este trabajo.

Una de las muchas particularidades de la enseñanza submarina de la Escuela, precursora y creadora de las figuras profesionales de Operador Técnico Submarino (1959) y de Técnico Hiperbárico (1973), es que la formación profesional de sus alumnos se desarrolla enteramente en ambientes operativos tales como el lago, el mar, la "torre de entrenamiento", en ausencia completa de visibilidad, "en" y "con" cámaras hiperbáricas.

Sólo treinta oras de instrucción técnica, de las ochocientas previstas, están reservadas al entrenamiento en piscina, considerado por la Escuela de carácter exclusivamente propedéutico.

La introducción de los jóvenes aspirantes trabajadores en un ambiente tan peligroso como el submarino, donde la seguridad y la salvaguarda de la incolumidad física dependen de elementos fundamentales como PRUDENCIA, AUTOCONTROL, COORDINACION DE LAS OPERACIONES, HIGIENE DE LA INMERSION Y AUTODISCIPLINA, presupone una formación profesional capilar y "personalizada" que implica un esfuerzo muy elevado y responsable por parte del personal docente de la Escuela.

A los Técnicos Submarinos, además, les espera la ejecución de tareas pesadas, de nivel profesional, que deberán desarrollar en todos los ambientes líquidos (lagos, mares, pozos, cisternas, ríos, etc.), a menudo en condiciones ambientales que implican un gran esfuerzo técnico y psico-físico, e inclusive en total ausencia de visibilidad y en presencia de corrientes y obstáculos sumergidos.

Por consiguiente, los aspirantes Técnicos Submarinos tendrán que estar "formados" para afrontar todo lo dicho, a través de una analítica y profunda "información", finalizada al desarrollo de las capacidades psíquicas, entre las cuales resalta el AUTOCONTROL.

Gradualmente, hay que "imponer" al alumno una exposición continua con aquellos ambientes naturales en los que tendrá que trabajar (muy diferentes de las aguas tibias de la piscina o de aquellas cristalinas del mar), acostumbrándolo progresivamente al frío de las largas permanencias en agua, a los largos trechos de natación de "traslado" en superficie con equilibrio ligero o completamente equipados, a trabajar en la más completa ausencia de visibilidad, a la coordinación de las operaciones que se realizarán también durante ejercitaciones nocturnas, al desarrollo de una completa autonomía operativa y una resistencia psico-física apta a garantizar, con total consciencia participativa, la observación de protocolos preventivos contra los accidentes conjuntamente al rendimiento de las operaciones y el trabajo de equipo.

Aunque puede parecer retórico, según los dictámenes de la Escuela, los alumnos deben acostumbrarse, desde el inicio de su ciclo de formación, a la idea de que no serán ellos los que elegirán el lugar, la hora, el área geográfica, las mejores condiciones psico-físicas y meteorológicas para la realización de la inmersión. Se sabe perfectamente que toda actividad profesional implica el concepto de DEBER, al contrario de cualquier actividad recreativa o de aficionados que implica, siempre y exclusivamente, el deleite y el PLACER.

Hay que tener presente que los riesgos a los cuales los buzos están expuestos, independientemente de los fines últimos de su inmersión, no se encuentran en el medio de trabajo, en los instrumentos empleados, en los aparejos y equipos individuales utilizados, en las técnicas de respiración, sino sobre todo en su estructura psíquica "inconsciente". Solamente si los deseos y los impulsos inconscientes estarán en armonía con su "conciencia", el aspirante buzo podrá considerarse dotado de aquel indispensable AUTOCONTROL necesario para afrontar, en términos de seguridad para la prevención de accidentes, todo peligro relativo a la inmersión.

En el sector de formación profesional submarina, por experiencia directa de la Escuela, pueden existir dos tipologías didácticas fundamentales:
 

una está caracterizada por un enfoque selectivo/atlético, con poco espacio dedicado a la práctica controlada de situaciones reales;
la otra está caracterizada por un criterio de participación a simulaciones de operaciones concretas que se proponen obtener la seguridad de las mismas a través de la experiencia práctica, el atento conocimiento de los equipos y de los protocolos de los procedimientos concernientes a la prevención de accidentes.
También la enseñanza teórica se diferencia en estas dos metodologías:
en el primer caso, es bastante compleja y muy profundizada;
en el segundo, se aspira a una ejemplificación clara y correcta de las principales normas y reglas de aplicación de técnicas y seguridad.

El primer tipo de enseñanza se ofrece en forma catedrática; el segundo prefiere técnicas didácticas de seminario y ejercicios.

La Escuela adopta ambas metodologías, teórico y prácticas, que han sido ampliadas, experimentadas y actualizadas en los treinta y nueve años de experiencia, que cuenta con un "retorno" en la experiencia de sus alumnos y con las sugerencias de las empresas nacionales e internacionales, que garantizan, en términos de absoluta profesionalidad, aquel "producto humano final" que se introducirá, de derecho y en forma siempre actualizada, en el sector trabajador submarino e hiperbárico conexo.

Desde el punto de vista de la prevención del riesgo submarino, es indudable que las buenas condiciones físicas son un punto a favor de quien desea emprender una actividad profesional considerada, justamente, de alto riesgo; sin embargo, no se puede considerar "seguro" un buzo que dispone de una condición física perfecta pero de escasos conocimientos técnicos y experiencia práctica.

Por esto, la seguridad, según los dictámenes de la Escuela, tendrá que surgir como una combinación de eficiencia física, psíquica, experiencia práctica y precisos conocimientos técnicos (teóricos y prácticos).

Desde el punto de vista físico, a los alumnos de la Escuela se les proporciona una instrucción específica que incluye, además de los normales ejercicios de gimnasia a cuerpo libre, recorridos terrestres con pesos y unidos con "body-line" de tres metros. Estos recorridos terrestres se desarrollan en una progresión gradual, a lo largo de seis meses, en función directa del "rendimiento operativo" y se llegan a recorrer quince kilómetros, a menudo con tiempos asignados.

Es impresionante notar que en la estadística italiana y mundial de los accidentes, inclusive letales, ocurridos a buzos que practican actividad recreativa y de aficionados, la causa dominante no es tanto de orden fisiopatológico, sino que está conexa a la emotividad, a la escasa preparación técnica, a la falta de entrenamiento físico, a la superficialidad e improvisación.

Estamos frente a la total ausencia de la PROFESIONALIDAD indispensable (que no debemos confundir con PROFESIÓN) que todos los que penetran en el hidroespacio deben poseer.

Por eso, según la Escuela, es correcto basar la prevención de los riesgos en la eficiencia física y en la selección, mediante un programa didáctico que se propone un desarrollo psíquico, físico y atlético capaz de superar cualquier imprevisto, combinado a conocimientos avanzados. y actualizados de fisiopatología y técnica para la prevención de accidentes.

Además, la Escuela da particular relieve a las ejercitaciones complejas, finalizadas a la concentración psíquica y capacidad mnemónica que se desarrollan a través de ejercicios cada vez más complejos que se ejecutan, inclusive en total ausencia de visibilidad, a través del uso de señales convencionales, investigaciones sistemáticas conducidas desde la superficie, trabajo de equipo, etc. Éstos tienen como objetivo poner al alumno en condición de demostrar, sobre todo a sí mismo, el raciocinio ejecutivo de las operaciones submarinas, que deben efectuarse en el más completo respeto de las normas de prevención contra accidentes prescritas por la Escuela.

En efecto, en la Escuela no se habla nunca de seguridad en teoría, sino que cada fase de entrenamiento está caracterizada por la SEGURIDAD, lo que se traduce en nociones técnicas y de comportamiento, en el uso apropiado de los equipos e instrumentos, en la ejecución automática de las maniobras necesarias, en horas de experiencia práctica, vivida en condiciones reales, desarrolladas bajo el control de monitores y docentes expertos y calificados profesionalmente, en entrenamiento práctico con cámaras hiperbáricas utilizadas como simuladores de presión en las cuales se desempeñan ciclos de entrenamiento con un gradual aumento de las concentraciones de gas, que preceden las compresiones en agua.

Cuando la parte práctica de un curso así estructurado vuelve a proponer el tema de la seguridad y no pospone al momento de la "verdadera" inmersión, por ejemplo, el respeto de la regla de inmersión en pareja con body-line, el control preventivo de los aparejos y de los equipos individuales, el programa de compresión, los consumos preventivos del aire, la planificación de las eventuales intervenciones de emergencia (stand-by), es sorprendente constatar como el respeto de las reglas y el comportamiento "condicionado" hacia la seguridad es parte integral en toda inmersión por parte de los alumnos a final del curso y no aburridas reglas que se deben recordar y que, con el tiempo, se podrían olvidar.

En conclusión, la Escuela considera que una prevención eficaz de riesgos debe incluir una eficiente preparación técnica (psico-física y práctica), participativa, no alarmante, que explique los motivos del peligro y las técnicas apropiadas para prevenirlo y afrontarlo.

La instrucción teórica (fisiopatología/técnica y teoría), en cambio, no puede ni debe limitarse a una simple exposición de conceptos seguida por un examen final, sino que debe tener comprobaciones de cuanto aprendido y adaptaciones didácticas para cada alumno. Asimismo, debe incluir sesiones de seminarios durante los cuales los alumnos tengan la posibilidad de discutir entre ellos y con los docentes sobre las nociones de estudio, a cuya correcta aplicación se debe la salvaguarda de su propia incolumidad física y de la de los demás.

Los instructores y el personal docente, deben poseer claras y evidentes competencias profesionales que se impartirán con "férreo coordinación" a fin de evitar las incongruencias, contradicciones y confusiones que podrían originar carencia de credibilidad y confianza y, por eso, mayor riesgo.